Colegio Santa María la Real

 

CEREMONIA DE CANONIZACIÓN

18 DE ABRIL DE 1999

Relatada por un peregrino llegado de Pamplona, Navarra

 

Un corazón sin fronteras

 

El 18 de Abril de 1999, decenas de miles de peregrinos se congregaron en Roma para celebrar uno de los acontecimientos religiosos más importantes de los últimos años. El fundador de los Maristas, Marcelino Champagnat, fue canonizado junto a los italianos Giovanni Calabria y Agostina Livia Pietrantoni. Unos quince mil componentes de la familia marista asistieron a los actos programados con motivo del evento. Entre los tres mil españoles que acudieron a la ceremonia se estima la presencia de algo más de un centenar de navarros del colegio Santa María la Real de Pamplona.

Dentro del programa de actos preparados al efecto, el viernes 16 por la tarde se podía visitar, en la Casa General del Eur, una exposición con objetos personales de Marcelino, aunque el grupo navarro acudió el día siguiente por los retrasos acumulados en el aeropuerto de Barajas. El sábado 17 por la mañana hubo un encuentro juvenil en el colegio de San Leone Magno y por la tarde un festival musical en la sala Pablo VI en el Vaticano. El domingo, el acto central de la peregrinación, la Misa de Canonización en la Plaza de San Pedro. Finalmente, el lunes, tuvo lugar en la basílica de San Pablo de Extramuros una misa de acción de gracias, y en el mismo escenario que el día anterior una Audiencia presidida por su Santidad, el Papa Juan Pablo II.

En la ceremonia de canonización, presidida por Juan Pablo II, se alternaron los paraguas con las bufandas que con el eslogan "Un corazón sin fronteras" ondeaban cubriendo la plaza de San Pedro del Vaticano. Es significativo que de las ocho plazas que la Santa Sede ofreció para concelebrar la misa junto al Pontífice para todos los maristas del mundo, una recayera sobre el sacerdote navarro Javier Oyarzun, exalumno del colegio San Luis y deán de la catedral de Pamplona durante varios años. Fue el único concelebrante español.

Durante la homilía, en la que dejó entrever la proximidad del Jubileo, el Papa destacó la obra del fundador de los Maristas a favor de los jóvenes y los más necesitados, y quiso ver en él un modelo para padres y educadores. Refiriéndose a las premisas maristas y a la tarea evangelizadora de los hermanos en los cinco continentes, Juan Pablo II dijo que teniendo a María como guía y como Madre, idea repetida en la constitución marista, el cristiano es un misionero y un servidor de los hombres. Poco después rogó a Dios para que muchas más personas conozcan a Marcelino y puedan llegar a ser sus testigos.

Antes de pedir "el precioso don de la paz" para la trágica situación que entonces se vivía en los Balcanes, subrayó el amor total de Champagnat hacia su tarea, y la entrega para formar buenos cristianos y buenos ciudadanos.

 

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